Tu Tiempo.Net,en San Juan de los Morros

viernes, 28 de febrero de 2014

En koans

Por el maestro Chan Sheng Yen

En los libros del maestro Sheng Yen que han sido traducidos al inglés, tenemos escrito extenso sobre el tema de la práctica del huatou (más notablemente “Shattering the Great Doubt“) pero no mucho sobre koans. Nuestro Linaje del Tambor del Dharma no tiene una estructura formal para asignar a los estudiantes a trabajar a través de una serie de koans. Empleados como un estructurado y progresivo “currículo” de práctica, sólo puede ser datado en el Zen japonés del siglo XVII al XVIII.
Como métodos de práctica, el maestro Sheng Yen prefería los más breves huatous en lugar de los relatos más largos de los koans. Como herramienta de enseñanza, sin embargo, hizo comentarios sobre los relatos clásicos para ilustrar diferentes puntos en sus charlas del Dharma, y escribió al menos dos libros en chino sobre este tema. Favoreció las situaciones de la vida presente como “vivir los koans” sobre historias viejas del pasado.

No Limitado a Palabras
Un koan, como se pronuncia en japonés (también conocido como gong’an) se refiere a intercambios, enseñanzas y famosos dichos que fueron comunicados entre el maestro y el discípulo y después escritos como casos (una referencia metafórica a un caso en el sistema legal). Estos famosos dichos no están limitados a palabras ni lenguaje, sino que también incluyen interacciones silenciosas. El Chan “no fue establecido en palabras ni lenguaje”, por lo tanto, los koans pueden incluir una variedad de estilos de comunicación y contenido. Los intercambios en koans son sólo indicadores de la cuestión de vida (no contestan nada directamente).

El investigar un koan es investigar la totalidad del relato para avanzar en la realización personal. Un relato es el caso del maestro Chan Nanquan (748-835) cortando un gato en dos. Un día, dos grupos de monjes estaban discutiendo acerca de la posesión de un gato. Cuando Nanquan regresó al templo presenció esta disputa, de manera que recogió al gato y dijo: “¡Decid algo! Si alguien puede hacer una declaración correcta, la vida de este gato se salvará”. Nadie se atrevió a decir nada. Nanquan cortó al gato en dos.
Esa noche, su antiguo discípulo Zhaozhou (778-897) regresó al monasterio. Cuando oyó acerca de este incidente, quitó sus sandalias, las colocó encima de su cabeza y se marchó. Nanquan dijo: “Si hubieras estado aquí, ese gato no habría tenido que morir”. Alguien que toma este koan entero como un método de práctica, investiga el proceso completo subyacente en el relato.

Para alguien que no está familiarizado o no está lo suficientemente experimentado con las distintas características del Chan, koans podrían parecer interacciones insensatas entre personas locas. Generalmente hablando, aquellos koans cuyos significados son más obvios son típicamente más superficiales que aquellos cuyos significados son completamente irracionales. Similarmente, hay diferentes niveles de iluminación, y esto es a menudo reflejado en la interacción entre el maestro y el discípulo. El profundamente iluminado puede distinguir a qué nivel pertenecen los koans, o distinguir múltiples niveles de iluminación incluso dentro del mismo koan.

Un estudiante una vez me preguntó: “¿Puede un discípulo distinguir diferentes niveles de iluminación? ¿Puede su maestro distinguir si el discípulo ha progresado o no?” Yo dije: “Si un discípulo no trabaja duro, no tendrá ninguna sensación de una forma u otra. Sin embargo, si ha progresado, entonces será capaz de clarificar los diferentes estados que podría haber alcanzado. Es como comprender la diferencia entre la vida de un hombre soltero y la de un casado. Un discípulo debería ser capaz de distinguir si él o ella ha progresado o no. Por supuesto, el maestro es capaz de distinguir. Si no pudiera distinguir las experiencias del discípulo, ¡entonces no servirá de mucho como maestro!”

Koans Vivos
En los retiros intensivos a menudo digo que un practicante que está trabajando duro sobre el método pero que no ha entrado por la puerta del Chan, no sabrá qué está comiendo o bebiendo, no sentirá la necesidad de dormir y no verá ni oirá nada. Aun así, todavía no ha entrado por la puerta del Chan. A este estado le llamo “ajeno a la realidad”. Después de que entre, recuperará el estado normal de la mente, pero su sentido del ego, inseguridades, etc. se reducirán.

Uno de los koans plantea esta pregunta: “¿Qué es una monja?” La respuesta dada es “Una mujer”. Esto parece una respuesta muy común. Si una persona común contestara de esta manera, carecería de gran consecuencia. Sin embargo, si la respuesta surge de alguien que ha meditado profundamente en el koan, eso demuestra su iluminación (aunque esta iluminación en particular no sea tan profunda). A veces un maestro o la vida misma pueden presentar una situación para ayudar o poner a prueba a un estudiante. Esto sería considerado como un koan vivo. He aquí un koan entre un estudiante y yo mismo. Una vez, después de un período de gran perseverancia en un retiro intensivo, un estudiante penetró por la puerta del Chan. Le pregunté a ella: “¿Dónde estás?” Ella replicó: ¡Aquí! Le dije: “¿En dónde estás sentada?” “Estoy sentada en una silla”. Aunque su iluminación no era tan profunda, al menos entró por la puerta y regresó a un estado normal de la mente.

Un huatou, diferente de un koan, es una oración corta, frase, o incluso una palabra, que uno emplea como método de práctica para preguntarse a sí mismo con el fin de alcanzar la iluminación. Un huatou esta a veces conectado con un koan, pero no es necesario que sea así. “Hua” significa palabra pronunciada; “tou” significa fuente. Cuando uno usa un huatou, esencialmente en lo que el practicante está meditando es “¿qué es eso?” que se encuentra ante la palabra pronunciada. En el comienzo de la práctica, no hay sensación de duda, o sentido de asombro. Si el practicante diligentemente presta atención al método del huatou, el sentido de asombro y cuestionamiento surgirá. Cuando la práctica es fuerte, esta sensación de duda se convierte en una gran masa de duda. Cuando esto sucede, no existe nada (ni el cuerpo, ni el mundo, ni nada). Sólo una cosa estará allí: tu cuestionamiento, tu gran duda. Si alguien experimenta esta gran duda y su capacidad espiritual es aguda, no importa si el maestro está presente o no, serán capaces de “estallar” en iluminación. Sin embargo, uno con insípidas capacidades espirituales, siempre necesitará un maestro lúcido para ayudarle. Si no, inadvertidamente podría caer en un estado anormal.

Mientras que la pregunta sea de gran importancia para el practicante y él practique duro, la gran duda surgirá. Sin embargo, aquellos con poco compromiso de práctica y poca curiosidad acerca de la cuestión de la vida y la muerte y del dilema existencial, no serán capaces de generar duda o la mente de cuestionadora, sin importar qué pregunta empleen.

Los antiguos dijeron: “Gran duda, gran iluminación, pequeña duda pequeña iluminación, no duda no iluminación”. Por lo tanto, antes de la iluminación debes dejar todos los apegos hasta el punto en donde “no haya ni una sola hebra del hilo en ti (estás desnudo y claro”). Incluso si una persona puede alcanzar este estado mental de desnudez, aún podría haber algo en su mente que no haya sido dejado. Sólo cuando no haya absolutamente nada en la mente, excepto el mismo huatou, uno realmente obtendrá gran poder del huatou.
[Extracto del “Chan De Tiyan, Chan De Kaishi” (Experiencia del Chan, Discurso del Chan), 201-202; 139-140, 143-144, traducido del chino al inglés por Guo Gu]

[El Maestro Sheng Yen da dos ejemplos de koans vivos de su propio entrenamiento bajo la tutela del maestro Dongchu en el Instituto Chung-Hwa de Estudios Budistas]

Habitaciones por siempre Cambiantes
Me trasladé a la más pequeña de las tres habitaciones del instituto. Después de varios días, cuando estaba instalándome, Dongchu me pidió que me mudara a la habitación grande. “Tú eres un escritor y te gusta leer,” él dijo. “Deberías tener más espacio para leer y escribir”. Yo felizmente trasladé todas mis posesiones a la habitación grande. Al día siguiente él me dijo: “Tu obstrucción kármica es pesada. Tengo miedo de que puedas no tener suficiente karma virtuoso para quedarte en la habitación grande. Pienso que es mejor que regreses a la habitación pequeña”. Yo estaba indignado, acababa de mudarme. Pero como esa fue su petición, yo la cumplí. Varios días después, vino a mí y dijo: “¿Sabes qué? Deberías trasladarte a la habitación grande. Tienes razón, la necesitas realmente para tus libros y para tener suficiente espacio para escribir”.

“Maestro, no se preocupe”, dije. “Puedo quedarme en la habitación pequeña. No hay necesidad de mudarme”.

“Es una orden. Deberías trasladarte a la habitación grande”. Me miró seriamente con su cara grande y cuadrada, se dio media vuelta y se marchó con su paso de general, dejando viento a su paso. Me mudé. No estuve allí incluso por medio día cuando Dongchu apareció en mi puerta. “Tienes razón”, dijo. “Es mejor para ti vivir en la habitación pequeña. No necesitas mover tus cosas allí. Simplemente la usas para dormir”.

Después de pasados otro par de días, me pidió que moviera todas mis cosas a la habitación pequeña. Había muchas cosas que mover, y eso tomó largo tiempo. Unos días más tarde recibimos a un invitado. Esa noche, Dongchu tocó a mi puerta. “Para nuestro invitado es mejor dormir en la habitación pequeña. ¿Por qué no te trasladas a la habitación grande solo por esta noche?” él dijo.

Después me dijo que sería mejor mantener la habitación pequeña disponible para los invitados, de manera que yo debería trasladarme a la habitación grande. En este momento, perdí mi temperamento. “¿Por qué sigue pidiéndome que me traslade de una habitación a la otra?” me quejé. “¡Ya me he trasladado cinco veces! ¡No voy a mudarme más!”

“¡Esta es mi orden!” él bramó, una montaña de hombre que había sido uno de los más famosos abades en China continental. “¡Te pedí que te movieras, de manera que tienes que moverte!” Yo me retire silenciosamente y comencé el proceso oneroso de trasladar mis posesiones otra vez. No tenía otra opción: Así son las cosas en la relación maestro–discípulo (el discípulo debe hacer cualquier cosa que le pida el maestro).

Dongchu siguió pidiéndome que me moviera, y finalmente entendí con mi cabeza dura que eso era parte de mi entrenamiento, de manera que dejé de protestar y simplemente seguí mudándome. Una vez que sólo actué, sin duda, protesta ni resentimiento, Dongchu dejó que me quedara en una de las habitaciones.

Buscando Azulejos para la Cocina
Quizás debido a que yo había demostrado paciencia, Dongchu me dejó vivir en paz por unos pocos meses. Pero luego, un día señalo un lugar en la cocina donde los azulejos de cerámica se habían caído. “Sheng Yen, tienes que reparar esto”, él ordenó. “Ve a la compañía de materiales de construcción y compra exactamente los mismos azulejos y sustituye los que están faltando”.

Muy bien, esto no parecía una tarea difícil. Yo siempre había sido enviado para estos tipos de pequeños mandados. Poco sabía yo de la dura experiencia que me esperaba en la tienda. Fui al pueblo y compré lo que pensaba que eran los mismos azulejos. Cuando regresé, mi maestro dijo: “Ven y mira. Estos no son los mismos. Debes devolverlos y comprar unos idénticos”. Miraba detenidamente los azulejos. De hecho, aunque los nuevos que yo había comprado eran muy parecidos a los antiguos azulejos, no eran idénticos. Sin embargo, la diferencia sólo se notaba bajo una inspección extremadamente detenida. ¿Qué diferencia podría hacer? Yo estaba a punto de protestar, pero una mirada al rostro de Dongchu me dijo que cerrara mi boca.
Yo fui nuevamente a la compañía de azulejos. No les agradaba verme. ¡Yo sólo había comprado tres y ahora estaba devolviéndolos! Ellos se negaron a ayudarme a encontrar los azulejos correctos. Esto, yo lo sabía, no era un buen resultado, pero ¿qué podía hacer? Regresé a Dongchu.

“Maestro”, dije, “no pude encontrar los mismos azulejos”.
¿Por qué no? preguntó.
“Las personas en la compañía se negaron a buscar tan sólo tres azulejos”.
“¿Y esto significa que te estás dando por vencido? Eres un imbécil. Ve a averiguar qué horno hizo los azulejos”.

Fui a las compañías de materiales de construcción de toda la ciudad, haciendo la absurda pregunta sobre qué horno había hecho estos tres azulejos oscuros y sin nada especial. Nadie mostraba el más mínimo interés. Como era de esperarse, yo no había conseguido nada y comencé a sentirme frustrado y lleno de resentimiento y autocompasión.

Finalmente, por un golpe de suerte, me encontré con un trabajador de horno, y él me dijo donde estaba el horno en el que trabajaba, aunque no estaba seguro de si era el que había quemado mis azulejos. Fui al horno. Montadas en la pared había filas de azulejos, pero yo no podía encontrar uno que correspondiera exactamente.
Yo pregunté al empleado del horno si podía hacer los azulejos para mí. Me preguntó cuántos necesitaba y yo le dije tres. “Somos mayoristas”, dijo. “No puedo venderte sólo tres piezas”.
“Por favor ayúdame”, le rogué. “Dongchu insistió que yo obtuviera tres piezas de los mismos azulejos como aquellos que tenemos en la pared de nuestra cocina”.
“Cada lote de baldosas es ligeramente diferente en color”, él explicó. “No hay manera de que puedas conseguir tres azulejos de color idéntico”.
El trabajador me dijo acerca de otro horno, muy lejos.
“¿Podría encontrar los mismos azulejos allí?” Pregunté. ¿Cómo puedo saber? Respondió.
Me sentí completamente desesperado. Regresé a mi maestro, diciéndole que la tarea era imposible. “Cada lote de azulejos es ligeramente diferente en color”, expliqué, sin esperanza de que esto fuera el fin de ese asunto.
“Ayer”, él dijo, “Me enteré de dónde provinieron los azulejos”.
“¿Cómo llego hasta allí?” pregunté.
“¡Eres realmente un tonto! Puedes pedir direcciones de camino a la tienda”.
El lugar era muy remoto y bastante lejos. Me llevó casi todo un día, mendigando mi billete de autobús y vagando sin rumbo fijo a pie para encontrarlo finalmente. Pregunté acerca de los azulejos. “Hacemos muchos azulejos”, dijo el encargado. “¿Cómo vamos a saber si hicimos estos azulejos? ¿Cuántos necesitas?”

“Tres piezas”, dije. Me miraban como si yo hubiera perdido la cabeza. “¿Viniste hasta aquí solo por tres piezas de azulejos? Estamos demasiado ocupados para venderte tres piezas. Deberías ir a una compañía de materiales de construcción”. Salí sin ningún azulejo. Deben creer que yo estoy loco, pensaba de camino a casa, cuando en realidad era mi maestro quien estaba loco, haciendo tales peticiones irrazonables.

“No me venderán tres piezas”, le dije a Dongchu.
“¡Tú eres un necio! Todo lo que tienes hacer es preguntar qué compañía de materiales de construcción compra sus productos y conseguir los azulejos en esa compañía. Deberías haber preguntado mientras estabas allí y así ibas y lo hacías. ¿No hubiera sido más fácil? Y entonces no estaríamos teniendo esta conversación”.
“Son sólo unos pocos azulejos”, yo gemí, demasiado cansado y frustrado para contener mis sensaciones. Me sentía como un niño de treinta años de edad. Yo había sido un oficial en el ejército, por el amor de Dios, un autor publicado, y aquí estaba rastreando por azulejos en Taiwán.
“¿Por qué no podemos comprar simplemente tres piezas que sean parecidas en color? Son sólo azulejos de cocina”.
“Disculpa”, él dijo. “Si yo colocara estas dos vendas en tu cara y las dejara allí para siempre, ¿te parecería bien?” Lo miré fijo y no dije nada. Dongchu me ordenó salir a buscar los azulejos. Yo vagabundeaba de un lado a otro, sin ir a ningún lugar en particular, pensando en las peticiones irrazonables de Dongchu. Tomé la decisión de dejar monasterio.

Cuando regresé, fui directamente a mi habitación; estaba frustrado al punto de estar adormecido. Dongchu asomó su cabeza. “¿Dónde has estado todo el día?” preguntó. Me negué a hablar. Él salió de mi habitación, y volvió con tres azulejos. “¡Tenemos mucha suerte!” exclamó. “Encontré tres azulejos que quedaron tras la última renovación de la cocina. Estaban escondidos en una grieta en la pared”. Él me miraba y se reía. “Ho, ho, ho”. Fue un sonido horrible. ¡Fuiste engañado otra vez! dijo. “Eres un monje, ¿cómo puedes estar enfadado? Te pille de nuevo, es tan divertido. Ho, ho, ho”. Y salió de la habitación.

Yo debería haber estado furioso, pero, sorprendentemente, mi frustración se disolvió. Después de que el Maestro se marchara, me senté en mi habitación, vacía y en paz. Comprendí que yo no tenía ningún deseo de dejar a Dongchu. Me di cuenta de que la búsqueda de los azulejos había sido parte del entrenamiento.

Dongchu me leía como un libro. Respondió a mi cambio interno y al día siguiente fue muy amable conmigo. Unos visitantes nos trajeron tejido de Filipinas.
“Sheng Yen”, él dijo. “Has sido monje por un tiempo y no te he dado mucho. He aquí un regalo de tejido para que te hagas una túnica”. Él pidió a uno de los visitantes que me tomara las medidas. Sentí profundamente la calidez de su amor. ¿Cómo pude haber tenido el pensamiento de salirme? ¿Por qué me había vuelto tan frustrado y lleno de resentimiento?
Yo aún poseo esta pieza de ropa después de cuarenta y cinco años.

[Extraído de Footprints in the Snow, Doubleday,
101-102; 108-111]

lunes, 24 de febrero de 2014

Sobre los maestros y discípulos del budismo Zen


Por:
Paulo  Coelho opinion@laprensa.hn
El regalo de insultos
Cerca de Tokio vivía un gran samurái, ya anciano, que ahora se dedicaba a enseñar el budismo zen a los jóvenes. A pesar de su edad, corría la leyenda de que aún era capaz de derrotar a cualquier adversario.
Cierta tarde, un guerrero, conocido por su total falta de escrúpulos, apareció por allí. Era famoso por utilizar la técnica de la provocación: esperaba que su adversario hiciera el primer movimiento y, dotado de una inteligencia privilegiada para captar los errores cometidos, contraatacaba con velocidad fulminante.
El joven e impaciente guerrero jamás había perdido una lucha. Conociendo la reputación del samurái, estaba allí para derrotarlo y aumentar así su fama.
Todos los estudiantes se manifestaron en contra de la idea, pero el viejo aceptó el desafío.
Fueron todos hasta la plaza de la ciudad, y el joven comenzó a insultar al viejo maestro. Arrojó algunas piedras en su dirección, le escupió a la cara, gritó todos los insultos conocidos –ofendiendo incluso a sus ancestros. Durante horas hizo todo lo posible para provocarlo, pero el viejo permaneció impasible. Al final de la tarde, sintiéndose ya exhausto y humillado, el impetuoso guerrero se retiró.
Decepcionados por el hecho de que su maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los alumnos le preguntaron:
-¿Cómo ha podido usted soportar tanta indignidad? ¿ Por qué no usó su espada, aún sabiendo que podía perder la lucha, en vez de mostrarse cobarde ante todos nosotros?
-Si alguien se acerca a ti con un regalo, y tú no lo aceptas, ¿a quién pertenece el regalo? preguntó el samurái.
-A quien intentó entregarlo –respondió uno de los discípulos.
-Pues lo mismo vale para la envidia, la rabia y los insultos –dijo el maestro. –Cuando no son aceptados, continúan perteneciendo a quien los cargaba consigo.
Dónde está el paraguas
Después de diez años de aprendizaje, Zenno consideraba que ya podía ser elevado a la categoría de maestro zen. En un día lluvioso, fue a visitar al famoso profesor Nan-in.
Al entrar en la casa de Nan-in, este preguntó:
-¿Has dejado tu paraguas y tus zapatos afuera?
-Evidentemente –respondió Zenno. – Es lo que manda la buena educación. Yo haría lo mismo en cualquier parte.
-Entonces, dime: ¿colocaste el paraguas al lado derecho o al lado izquierdo de los zapatos?
-No tengo la menor idea, maestro.
-El zen budismo es el arte de la conciencia total de lo que hacemos –dijo Nan-in. La falta de atención en los pequeños detalles puede destruir por completo la vida de un hombre. Un padre que sale corriendo de casa, nunca puede olvidar un puñal al alcance de su hijo pequeño. Un samurái que no mira todos los días su espada, terminará encontrándola herrumbrada cuando más la necesite. Un joven que olvida dar flores a su amada, acabará perdiéndola.
Y Zenno comprendió que aun cuando conociese bien las técnicas zen del mundo espiritual, se había olvidado de aplicarla al mundo de los hombres.